¿La sociedad exige a los docentes más de lo que está dispuesta a reconocerles?

El mundo necesitará 50 millones de docentes más para 2030. Detrás de esa cifra hay una pregunta incómoda: ¿hacemos lo suficiente para que quienes ya enseñan quieran seguir haciéndolo?

Una profesión que necesitamos y no sabemos retener

El 5 de octubre se celebró el Día Mundial de los Docentes, y conviene aprovechar la fecha para algo más que felicitaciones. A los maestros les confiamos buena parte de la educación de nuestros hijos. Esperamos que enseñen, orienten, evalúen, mantengan la disciplina, detecten dificultades, incorporen nuevas tecnologías y respondan a una sociedad que cambia permanentemente. Mientras tanto, el mundo se está quedando atrás con el reconocimiento que se les debe por la labor que hacen.

La UNESCO acaba de ponerle cifra al problema. Hoy en día hay unos 107 millones de docentes, y harán falta 50 millones más para 2030 si es que se quiere garantizar la educación universal, desde los primeros niveles de primaria, hasta la secundaria. Dicho de forma sencilla, por cada dos docentes que existen, el mundo necesita uno más.

Lo que más debe llamar la atención, es que dentro de esos 50 millones, el 58 % servirá para reemplazar a quienes dejen la profesión, no para ampliar plantillas. La UNESCO ha calculado las tasas de abandono del 7,2 % en los niveles que anteceden a la primaria, del 4,7 % en primaria y del 5,4 % en secundaria. El reto, por lo tanto, no es solo formar a más maestros, sino entender por qué algunos se van y qué hacemos o qué podemos hacer para que se queden.

Según las fuentes oficiales por cada dos maestros se requiere uno más.

Los que piensan en marcharse

TALIS 2024, que corresponde al Estudio Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje, y promovida por la OCDE, ofrece algunas pistas, sin embardo hay que leerlas bien. Entre los docentes que no están cerca de jubilarse, el 17 % dice que piensa dejar la profesión en los próximos cinco años. Entre los menores de 30, la cifra sube al 20 %. Esas cifras son meras intenciones y no renuencias como tal, porque nadie se ha ido aún.

La encuesta también desmonta una idea muy extendida y es que todo se explica por el sueldo. El salario cuenta, y quienes están satisfechos con lo que cobran tienen un 25 % menos de probabilidad de plantearse el abandono. Pero pesan otras cosas. Las tareas administrativas generan estrés al 52 % de los docentes y mantener la disciplina, al 45%.

También está el tema del reconocimiento. Según la UNESCO, en el 75 % de los países que participaron en la encuesta TALIS 2024, menos del 40 % de los docentes sentía que su profesión era valorada por la sociedad. Quienes sí se sienten valorados tienen más de un 10 % menos de probabilidad de pensar en irse. La permanencia del docente no es solo una cuestión de dinero; también lo es de respeto, reconocimiento y valoración.

Esta noble profesión siempre merece una nueva oportunidad.

Cuando falta un maestro, ¿qué pierde un alumno?

La escasez de maestros ya se nota en las escuelas. Según la OCDE, entre 2015 y 2022 la falta de personal docente pasó del 29 % al 46,7 % en sus países miembros. Sería fácil concluir que menos maestros significa, sin más, peores notas. La evidencia de estos números no nos puede llamar más que a prudencia, pues el hecho que dos datos coincidan no prueba que uno sea por causa del otro.

El problema tampoco se resuelve poniendo a cualquier adulto frente a un salón. Hace sesenta años, la Recomendación OIT/UNESCO de 1966 definió la enseñanza como un servicio público que exige conocimientos y competencias especializadas, adquiridas y mantenidas mediante estudios rigurosos y continuos, además de responsabilidad sobre la educación y el bienestar de los alumnos.

Por eso no es lo mismo cubrir una vacante que resolver una escasez. Si la urgencia lleva a contratar personal sin la preparación necesaria, se mejora una estadística, pero por otro lado se crea otro problema educativo. Cantidad y calidad no son rivales, el sistema educativo necesita suficientes docentes, pero estos deben ser profesionales preparados y respaldados para hacer bien su trabajo.

Mientras faltan docentes, llega la inteligencia artificial

Aquí aparece una pregunta inevitable. Si una herramienta de inteligencia artificial puede explicar una ecuación, preparar ejercicios, traducir un texto y responder dudas a cualquier hora, ¿puede ayudar a cubrir parte de esa escasez? Es una idea tentadora, sobre todo cuando faltan manos en las aulas y estas herramientas están al alcance de cualquiera con un teléfono.

La respuesta exige separar colaboración de sustitución. El Marco de Competencias en IA para Docentes de la UNESCO define 15 competencias agrupadas en cinco dimensiones, una mirada centrada en el ser humano, la ética de la IA, sus fundamentos y aplicaciones, la pedagogía con IA y su uso para el desarrollo profesional. La idea que recorre todo el documento es reforzar la capacidad de acción humana, no reemplazarla.

Ahí se ve qué significa realmente el arte de enseñar. Si el trabajo del maestro fuera solo transmitir información, la tecnología podría hacer buena parte de él. Pero enseñar también es interpretar, corregir, motivar, observar, adaptar, poner límites y responder por personas concretas. La IA puede ser una gran aliada del docente; verla como su sustituta sería reducir la educación a un simple traspaso de datos.

Aun nos falta mucho como sociedad entender el significado que tiene la IA en la educación, y su manera de colaborar con la inteligencia de la humanidad.

Mi perspectiva

No todo es abandono y cansancio. Ya pudimos ver que según TALIS 2024, casi nueve de cada diez docentes están satisfechos con su trabajo, y quienes lo están tienen cinco veces menos probabilidad de querer dejarlo. La vocación sigue ahí. Por eso el lema de este año, centrado en proteger la profesión en el 60.º aniversario de la Recomendación de 1966, me parece algo más que una consigna.

Pedimos mucho a los docentes, y está bien que así sea. Una sociedad tiene derecho a exigirles preparación, ética, actualización y compromiso, porque una palabra o una decisión suya puede quedarse años en la memoria de un alumno. Ser maestro no justifica la mediocridad. Pero esa exigencia tiene una contraparte, si queremos profesionales extraordinarios, tenemos que crear las condiciones para que puedan serlo.

Podemos construir escuelas, comprar computadoras e incorporar inteligencia artificial, pero seguiremos necesitando personas capaces de mirar a un estudiante y entender que, detrás de una respuesta equivocada, hay alguien aprendiendo. Quizá el futuro de la educación no dependa solo de encontrar más docentes, sino de lograr que enseñar siga siendo una profesión en la que valga la pena quedarse.

Por cierto, Feliz día del Docente hasta el cielo Mamá…!

Hasta la proxima….!


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1 comentario en “¿La sociedad exige a los docentes más de lo que está dispuesta a reconocerles?”

  1. Excelente, tomando en consideración que últimamente, la docencia, es una profesión mal pagada, y no hablo solamente de salario… la autoridad del docente ya no es la misma, no tanto por el docente en si, sino tambien, porque los alumnos vienen a veces de entornos familiares, sociales cercanos, que no les brinda una base fuerte, donde se enseñe el respeto y la importancia de educarse para no vivir mas adelante en ignorancia extrema, y sean vulnerables. Es un sistema donde no todas las piezas funcionan, allí el problema.
    Feliz dia Mamá, docente ejemplar.

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