Hay años en los que el clima se limita a seguir su curso, y hay años en los que un solo fenómeno concentra toda la conversación, y yo no se que opinan ustedes, pero este año ha sido uno de los mas calurosos que recuerde. Desde hace unas semanas, las agencias meteorológicas de varios países parecen coincidir en algo poco habitual, y es que fenómeno de El Niño que se está formando en el Pacífico, se está desarrollando más rápido y con más fuerza que cualquiera de los registrados desde que existen mediciones mas modernas y mas precisas. Esto no son buenas noticias, ya que esto puede tener implicaciones directas en el calentamiento global. Una guerra de géneros A principios de 2026 el Pacífico todavía estaba bajo la influencia de La Niña, conocido como la fase fría del ciclo. Pero en poco tiempo su contraparte El Niño, hizo su aparición más rápido de lo que se esperaba, y como consecuencia de ello, comenzó el calentamiento de las aguas del pacífico. Según el pronóstico del Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia, en febrero la probabilidad de que La Niña se mantuviera activa tubo un descenso hasta el 4%, lo que hacía suponer que habría un cambio inesperado hacia El Niño. Poco después, lo que se había vaticinado pasó de verdad, y fue mucho más fuerte de lo esperado. El último informe de la NOAA, Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, emitió un boletín el 13 de agosto, el cual refleja que el índice Niño 3.4, la medida principal para saber qué tan fuerte está El Niño, llegó a +1,4 °C. En otra zona del océano, el Niño 1+2, la temperatura subió incluso más: +2,9 °C por encima de lo normal. ¿Díganme ustedes si esas son buenas señales o no? Además, según Carbon Brief (24 de julio), este Niño empezó oficialmente en abril y para junio ya había subido a 1,6 °C. Eso significa que se desarrolló más rápido que cualquier otro Niño registrado hasta ahora en ese mismo período de tiempo. ¿Qué tan fuerte podría llegar a ser? Teniendo en cuenta las mediciones del boletín, es donde aquellas cifras empiezan a tener relevancia y donde pudiera encender alarmas. La NOAA calcula un 69% de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad “sin precedentes” entre octubre y diciembre de 2026, con anomalías iguales o superiores a 2,5 °C, y una probabilidad superior al 90% de que se consolide como un evento muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte. AccuWeather sitúa el posible pico en 2,66 °C según datos de la propia NOAA, por encima del máximo de 2,40 °C registrado en el episodio de 1982-83 y de los 2,20 °C de 2015-16. Carbon Brief, por su parte, recoge que el 91% de los modelos climáticos analizados, 667 en tota, apuntan a que este podría ser el El Niño más intenso que se haya medido antes. Pongámosle el ojo al leer estas cifras con la cautela que merecen: son proyecciones de modelos, no un hecho consumado, y el propio meteorólogo de AccuWeather Paul Pastelok lo resume bien al señalar que, récord o no, “lo que importa son los impactos, y esos no van a cambiar”. Un pescador artesanal frente al Pacífico, la región donde se gesta El Niño (imagen ilustrativa generada por IA). La otra mitad de la ecuación: un planeta que ya venía batiendo récords El Niño no calienta el planeta por sí solo; actúa como un acelerador sobre una tendencia de fondo que ya estaba en marcha. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó en enero de 2026 que el año anterior, cerró como el segundo o el tercer año más cálido desde que hay registros, según el conjunto de datos que se use, con una temperatura media global de 1,44 °C por encima de los niveles preindustriales. El dato que más debería hacernos pensar no es ese, sino este otro: los últimos once años, de 2015 a 2025, son los once años más calurosos jamás registrados, en las ocho bases de datos climáticos que consolida la OMM. Y eso ocurrió con 2025 arrancando y cerrando bajo la influencia enfriadora de La Niña. Ahora bien, con El Niño empujando en la dirección contraria, Carbon Brief estima un 35% de probabilidad de que 2026 supere a 2024 como el año más cálido registrado, y un 92% de que sea 2027, cuando el calor acumulado en el océano durante el pico de El Niño termine de trasladarse a la atmósfera, el que se lleve ese título, con una temperatura proyectada de 1,71 °C sobre niveles preindustriales. No es casualidad que el patrón se repita pues el récord anterior, en 2023-2024, también llegó de la mano de un El Niño fuerte. Lo que ya se está notando Los efectos no son solo un número más alto en un informe. En el Atlántico, la fuerte esfuerzo cortante de viento que suele acompañar a El Niño está frenando la formación de huracanes: la NOAA recortó su pronóstico el 6 de agosto a entre 7 y 13 tormentas con nombre y entre 2 y 6 huracanes, muy por debajo de temporadas anteriores, y elevó del 55% al 75% la probabilidad de que la temporada quede por debajo del promedio. En paralelo, distintos medios especializados en América Latina desde México hasta Argentina, vienen reportando anuncios de lluvias más intensas en Sudamérica, sequía prolongada en el norte del continente y riesgo elevado de olas de calor e incendios en el oeste de Estados Unidos, todo dentro del patrón clásico de un El Niño fuerte. El golpe a la economía: cifras que empiezan a causar zozobra En América Latina, la agricultura ya es el sector que más castigo recibe cuando el clima se sale de control, según datos recogidos por Bloomberg Línea, el campo en Latinoamérica absorbe cerca del 26% de los daños económicos que dejan los desastres climáticos en la región, una proporción que sube hasta el 82% cuando el desastre en cuestión viene dada producto de una sequía. Perú, uno de los países que históricamente más sufre con El Niño por estar justo frente al Pacífico donde comienza a gestionarse este fenómeno, y los números así lo destacan. La Defensoría del Productor Agrario advirtió a inicios de julio que, en un escenario moderado, El Niño 2026-2027 podría dejar pérdidas por US$ 3.576 millones y poner en riesgo 432.380 empleos agrícolas permanentes, con 1,7 millones de hectáreas afectadas (el 53% de la superficie cultivada del país). Pasados algunos días, la misma entidad actualizó el cálculo para un escenario catastrófico con un 70% de afectación, en el que la cifra sube a US$ 9.289 millones en pérdidas y cerca de 1,6 millones de hectáreas de cultivos comprometidas. La diferencia entre ambas cifras no es un error, lo que quiere decir que podriamos utilizar al dicho que reza “de mal en peor“, y depende de qué tan fuerte termine llegando el fenómeno a la costa peruana. Los países que viven de la tierra, en la mira El mapa de riesgo agrícola que traza Bloomberg Línea para América Latina pone el foco en varios cultivos y regiones a la vez. En el llamado Corredor Seco centroamericano, el maíz y el frijol de la agricultura familiar, la base de la alimentación de millones de personas quedan especialmente expuestos. En Brasil, el café ya viene arrastrando daños por heladas previas y ahora enfrenta la variable adicional de El Niño. En Colombia, el propio sector cafetero se prepara para un escenario climático extremo, según reportes de Agrolatam. Y en distintas zonas de Sudamérica, la soja, el arroz, el cacao y la caña de azúcar figuran entre los cultivos que los analistas vigilan de cerca. El otro extremo del mapa es Asia, la región más poblada del planeta. Según reportó La Jornada en junio, India donde el monzón aporta cerca del 70% de la lluvia anual ya redujo sus proyecciones de precipitación, con el arroz, la soja, las legumbres, la caña de azúcar y el maíz como cultivos en riesgo directo. En Tailandia y el sudeste asiático, la producción de arroz y las plantaciones de aceite de palma también sienten la presión. A eso se suma un problema que rara vez aparece en los titulares: la escasez de fertilizantes y diésel derivada de la crisis en Irán, podría reducir la producción de arroz entre un 15% y un 20% en el peor de los escenarios. En Australia, la siembra de trigo ya se está retrasando por la incertidumbre climática. Cultivos de maíz afectados por la sequía en una zona rural latinoamericana (imagen ilustrativa generada por IA). Precios de los alimentos en alza, y apenas es el comienzo Esto ya dejó de ser una proyección para convertirse en una cifra en el recibo del supermercado. Según datos recogidos a finales de julio, el cacao se disparó un 63% desde mayo, el café subió un 48% desde comienzos de junio y el arroz acumula una subida del 37% en lo que va de 2026. En Asia, el trigo sube cerca de un 20% desde inicios de año y el arroz alrededor de un 15% solo en el último mes en algunos mercados del sudeste asiático. Parte de esta subida se explica por la combinación de El Niño con la escalada del precio del petróleo derivada de la crisis en Irán, que encarece fertilizantes, transporte y combustible para la maquinaria agrícola. Y aquí viene la parte que más debería preocupar a cualquiera que haga las compras de la casa: los propios expertos citados advierten que el pico de los precios derivado de El Niño se notará a mediados de 2027, es decir, que lo que estamos viendo ahora es apenas el anticipo. La razón es simple, entre que se pierde una cosecha y ese faltante llega a los precios finales de los alimentos procesados pasan varios meses, así que el efecto más duro todavía no ha llegado a la mesa de nadie. El precio de los productos de la canasta básica cada día amanecen con un precio distinto. (imagen ilustrativa generada por IA). El impacto en la salud de las personas Este no es solo un problema de cultivos y de dinero, también es un problema clínico. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó en agosto un informe en la Revista Panamericana de Salud Pública, que identifica siete riesgos concretos para la salud de la población en América ante El Niño 2026-2027. El primero son las enfermedades transmitidas por mosquitos, el dengue, chikungunya y malaria, los cuales comparten vector y se propagan más fácil con el calor y la humedad. El segundo son las enfermedades transmitidas por agua, como el cólera y las infecciones intestinales, que aumentan cuando las sequías o las inundaciones contaminan las fuentes de agua potable. La lista sigue con enfermedades prevenibles por vacuna como el sarampión, que reaparece cuando las campañas de vacunación se interrumpen por una emergencia, enfermedades respiratorias agravadas por el humo de incendios y el estrés por calor extremo, y la desnutrición infantil que se deriva directamente de la caída en la producción de alimentos que describimos más arriba. La OPS también pone el foco en la salud materna, infantil y mental de las poblaciones más vulnerables, y en el aumento de lesiones, violencia de género y desplazamiento forzado que suele acompañar a las inundaciones y los deslizamientos de tierra. El informe proyecta que estos riesgos se mantendrán activos hasta el verano austral de 2027. Brigada de salud pública fumigando contra el dengue en un barrio urbano (imagen ilustrativa generada por IA). Qué están haciendo los gobiernos Ante un panorama así, varios países ya movieron sus primeros pasos en materia de política pública. En Colombia, la Procuraduría General de la Nación emitió en abril la Circular 001 de 2026, que obliga a las entidades del Sistema Nacional Ambiental, a los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo y a las autoridades locales a implementar medidas frente a los impactos meteorológicos, hidrológicos y socio- ecológicos de El Niño, por ejemplo, priorizar el agua potable sobre otros usos, proteger ecosistemas como páramos y humedales, optimizar el manejo de embalses y reforzar los respaldos energéticos del sistema hidroeléctrico, con reporte obligatorio de avances antes de finales de junio y sanciones disciplinarias para quien no cumpla. El Ministerio de Salud colombiano, por su parte, activó directrices sanitarias específicas para el fenómeno. En Perú, el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) presentó ante el Consejo de Ministros sus acciones de preparación frente al fenómeno, mientras el Gobierno emitió un decreto de urgencia para financiar intervenciones ante el peligro inminente de precipitaciones intensas asociadas a El Niño. La Defensoría del Pueblo, en paralelo, viene supervisando desde agosto que los almacenes de ayuda humanitaria de los gobiernos locales estén realmente abastecidos y que la infraestructura crítica esté en condiciones, con recomendaciones dirigidas a fortalecer la prevención y la capacidad de respuesta de las autoridades. Por otra parte países como Honduras, está planteando la posibilidad de usar el método de bombardeo de nubes para aliviar la grave crisis de sequia por la que atraviesa el país. Esta coordinación se esta haciendo a través de la Secretaría de Agricultura y Ganadería. Todo esto lo que demuestra es la preocupación de los gobiernos que están a merced de El Niño. Qué puede hacer la población, en términos concretos Más allá de lo que decidan los gobiernos, hay medidas que dependen de cada persona y que las propias autoridades vienen repitiendo. Por ejemplo, la alcaldía de Bogotá, en su portal oficial sobre El Niño, resume varias, entre ellas: mantener hábitos de consumo responsable de agua tanto en el hogar como en comercios e industrias; almacenar agua en recipientes limpios y bien tapados, limpiando los tanques con regularidad para evitar que se conviertan en criaderos de mosquitos; mantenerse hidratado y evitar la exposición prolongada al sol en las horas de más calor, usando protector solar y ropa adecuada, con especial cuidado hacia niños y adultos mayores; y prestar atención a los cambios bruscos de temperatura que pueden derivar en enfermedades respiratorias, buscando atención médica ante síntomas persistentes. A esto se suma la recomendación general de todas las entidades consultadas: seguir de cerca la información oficial de defensa civil y protección civil de cada país, porque la magnitud del fenómeno y las medidas que se activen pueden cambiar de una semana a otra. La pregunta que queda en el aire Aquí está la parte incómoda del asunto: nada de esto depende de que se cumplan las políticas más ambiciosas de reducción de emisiones ni de ningún gran acuerdo internacional. Es un ciclo natural que año a año sucede en el océano Pacífico, el que según las proyecciones actuales, podría empujar la temperatura global a un nuevo máximo en 2026 o 2027. Entonces, ¿Qué nos dice eso sobre el margen real que nos queda para actuar antes de que sea la propia naturaleza, y no nuestras decisiones, la que marque el ritmo? Todos decimos ser responsables de cuidar nuestro entorno, nuestro hábitat, nuestro planeta. Pero, ¿lo somos realmente? El futuro que heredarán nuestros hijos depende de lo que hagamos o dejemos de hacer hoy. Hasta la proxima….! Fuentes Fuente: NOAA – Climate Prediction Center, ENSO Diagnostic Discussion (13 de agosto de 2026) Fuente: IRI Columbia University, ENSO Forecast Quick Look (febrero de 2026) Fuente: WMO, “WMO confirms 2025 was one of warmest years on record” (14 de enero de 2026) Fuente: Carbon Brief, “State of the climate: Rapidly developing El Niño raises chance of record-warm 2026” (24 de julio de 2026) Fuente: AccuWeather, “The 2026 El Niño could become the strongest in a lifetime” (20 de agosto de 2026) Fuente: FoxWeather, “NOAA releases updated 2026 Atlantic hurricane outlook as looming ‘Super’ El Niño aims to limit activity” (6 de agosto de 2026) Fuente: Infobae, “‘El Niño’ se encamina hacia una intensidad histórica…” (13 de agosto de 2026) Fuente: Altavoz.pe, “Fenómeno El Niño 2026-2027: advierten pérdidas por US$ 3.576 millones y más de 432 mil empleos agrícolas en riesgo” — Defensoría del Productor Agrario (7-8 de julio de 2026) Fuente: Altavoz.pe, “El Niño 2026-2027 podría generar pérdidas por US$ 9.289 millones en el agro” — Defensoría del Productor Agrario, escenario catastrófico (11 de julio de 2026) Fuente: Bloomberg Línea, “Del arroz al café: El Niño 2026 pondría en riesgo estos alimentos de la canasta básica en América Latina” (15 de mayo de 2026) Fuente: La Jornada, “Sequía afecta cultivos en Asia; El Niño agravará la crisis de alimentos en la región más poblada del mundo” (4 de junio de 2026) Fuente: que.es, “El Niño y la crisis del petróleo disparan los precios de alimentos como el cacao y la anchoveta” (25 de julio de 2026) Fuente: Infobae, “El Niño 2026: los 7 riesgos para la salud en América Latina, según un informe de la OPS” (9 de agosto de 2026) Fuente: Procuraduría General de la Nación (Colombia), Lineamientos de preparación y mitigación ante el fenómeno de El Niño 2026-2027 (20 de abril de 2026) Fuente: Defensoría del Pueblo (Perú), “Acciones desarrolladas durante el primer semestre de 2026 y medidas preventivas frente al Fenómeno El Niño” (7 de agosto de 2026) Fuente: Alcaldía de Bogotá, “Recomendaciones para la ciudadanía — El fenómeno de El Niño ya está aquí” (2026) Nota: las cifras sobre la intensidad que alcanzará El Niño en 2026 son proyecciones de modelos climáticos con distintos grados de probabilidad, no hechos consumados. Se presentan con las probabilidades exactas que reportan las fuentes citadas. Me gusta esto:Me gusta Loading… Discover more from Perspectiva Solórzano Subscribe to get the latest posts sent to your email. Type your email… Suscribirse